Un libro sobre las formas de la manía argentina

El libro póstumo del ensayista y pensador Carlos Correas, “La manía argentina”, explora -de manera impiadosa y con argumentos menos impresionistas que históricos- el grado de colaboracionismo de la sociedad civil (y de algunos intelectuales) con la dictadura militar inaugurada el 24 de marzo de 1976.

Por Pablo Chacón / Fuente: Telam

El volumen, recientemente publicado por una coedición entre la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de General Sarmiento, escrito entre 1983 y 1987, es el retrato de una época, una escena y unos actores dignos herederos del régimen de facto que se derrumbó por el peso de la corrupción y las trasnochadas aventuras militares en el Atlántico sur.

El texto circuló entre amigos y conocidos de Correas en fotocopias (en versiones más o menos diversas) pero su autor nunca se animó a publicarlo. Las razones para esa decisión son ignotas, pero conjeturar que no lo hizo para no entorpecer la llamada transición democrática no suena inverosímil.

Correas nació en Buenos Aires en 1931 y se suicidó en esta misma ciudad a fines del 2000. Ensayista, novelista, cronista, fue parte de la revista Contorno, donde componía el ala existencialista junto a Oscar Massotta y juan José Sebreli.

Publicó, entre otros libros, “La operación Masotta”, “Kafka y su padre”, “El deseo en Hegel”, “Los reportajes de Felix Chanetton”, “Arlt literato”, “Ensayos de tolerancia” y “Un trabajo en San Roque y otros relatos”.

En “La manía”, Correas -a la manera de Fogwill y León Rozitchner- también piensa que la transición era un cambio de mandos, que nada relevante sucedería en el sistema económico y que el gobierno de Raúl Alfonsín era una suerte de reaseguro para el complejo militar, que mantenía su poder por medio del terror que, eventualmente, disciplinaría a la disidencia democrática.

El agente asegurador, con un gobierno reformista (pero que se animó a juzgar a las cúpulas militares, para después liberarlas mediante la ley de obediencia debida y punto final) eran los golpes de mercado.

Pero el ensayista ni siquiera le reconoce a la administración de la UCR haberse enfrentado con tibieza a ciertos poderes establecidos: a las corporaciones denunciadas durante la campaña electoral.

La manía argentina será la defensa delirante que una sociedad se da a sí misma para desconocer o deformar actos en los que ha comprometido su propia responsabilidad, con el objetivo de ignorar, sin éxito, el haber permitido a un sector (el militar) que aplicó sus conocimientos para aniquilar a sus enemigos y teorizar, a posteriori, una teoría de los dos demonios inconsistente, o increíble.

Escribe Correas: “Lo oficial es, en la Argentina, continuidad: una institución de las instituciones. Contiene la Constitución Nacional, la propiedad privada, el orgullo de ser argentino, los `ideales cívicos`, la patria de la infancia de los argentinos, el `fervor republicano`, las `lentas acumulaciones de nuestro pasado`, `todas nuestras esencias`, el Himno Nacional y las marchas de San Lorenzo y de la Bandera”.

“Lo oficial está más allá del bien y del mal; posee decoro inmutable y brinda sinecura y anclaje. Puede persistir bajo diversas formas de gobierno y bajo diversas formas políticas, etcétera”.

El ensayista argumenta sobre una sociedad permisiva, un patriotismo de pago chico, y la imposibilidad de procesar el paso del conflicto social al conflicto bélico contra las organizaciones armadas, representado por algunos intelectuales señeros de la mala fe.

Víctor Massuh, pero también Sebreli y Jorge Abelardo Ramos, “el pequeño maestro del socialismo”, a quienes califica con los peores epítetos. Massuh se lleva los laureles, es el funcionario de los militares que traza una genealogía que desquicia al argentino de buena fe.

Jean Paul Sartre, Sigmund Freud, Karl Marx y Friedrich Nietzsche, leídos en clave católica, como terrorista, apologista de la sexualidad, ideólogo judío y promotor heroico de la omnipotencia juvenil de la época.

El Massuh de Correas es el dignatario de una clase media envilecida, informada a medias por revistas y universidades, sin escrúpulos pero con el tacto para conocer del clima político sus giros, y escribir sus libelos hasta llegar a “La Argentina como sentimiento” y “El llamado de la Patria Grande”.

Dice Correas: “Las Fuerzas Armadas -que han castigado debidamente la subversión-, al parecer y según su presente `autocrítica` se han mejorado con y por ese castigo; diré naturalmente que se han sacralizado”.

“Fuerzas Armadas e Iglesia argentina: pujan por hacerse temer, y se nutren mutuamente. Cada una vive de la otra. ¿Hasta cuándo? Pues no desaparecerá una sin que desaparezca también la otra”, dispara el ensayista en un libro clave para tratar de comprender la Argentina post-2001.

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